Philippe
Aries en su texto «El niño en el antiguo régimen»
toma como partida que la infancia como institución surge
como producto del estado moderno. No hubo infancia desde siempre,
rápidamente se los hacía ingresar al mundo laboral,
no se los consideraba con los paradigmas de la «inocencia,
fragilidad y protección».
El
estado moderno asistencialmente se ocupa de cierta regulación
entre lo público y lo privado, de esta manera el niño
queda incluido dentro del bien público, por ende es fundamental
ocuparse de él.
En
Francia, Jacques Donzelot en su texto ´La policía de
las familiasª sitúa la infancia ´fechableª:
ubica movimientos de protección al niño donde es posible
definir dos grandes ramas dentro de las instituciones:
1)
Niños en peligro: niños que no se han beneficiado
con los cuidados de crianza y educación, podríamos
ubicar aquí a los niños abandonados. A partir de esto
surge la implementación de la psiquiatría infantil.
2)
Niños peligrosos: ubicamos aquí a niños delincuentes.
Donde se coagula el ser: «es peligroso».
Es
muy importante la lógica planteada por el autor ya que ubica
en el centro mismo de la protección: la desprotección.
En tanto un niño en peligro fácilmente puede devenir
peligroso.
La
novedad radica en la mayor atención a los problemas de la
infancia, cobrando así valor el análisis de las familias,
la función asistencial del estado.
Se
sitúa así, el nacimiento de la psiquiatría
infantil. Al comienzo no está ligada al descubrimiento de
un objeto propio, de una patología mental específicamente
infantil. Su aparición se dibuja en el vacío producido
por la búsqueda de una convergencia entre las necesidades
de los psiquiatras y las exigencias disciplinarias de los aparatos
sociales. Aún hoy en día se suele referir a los niños
como «menores» tratándolos en la misma escala
que a los adultos.
Por
otro lado no deja de resonar el concepto de «niño en
riesgo». ¿Niño en riesgo para quién, para
los profesionales, para los padres, los maestros, para el estado?
La
infancia, como momento de la vida, se fue significando de distintos
modos a lo largo de cada etapa histórica. En el siglo XIX
no se habla de sexualidad infantil. Es a partir del psicoanálisis
(S: Freud, «Tres ensayos sobre una teoría sexual»)
que se habla de lo humano como sexuado, ubicar la sexualidad del
niño viene a cuestionar la sexualidad del adulto.
Por
otro lado está lo infantil, aquello singular, un núcleo
que funciona como matriz ligado al fantasma. (fantasías)
Es
interesante bucear en la prehistoria de un niño, lo que hace
a su singularidad, qué lugar lo espera desde el mito familiar
o dicho de otro modo qué representa este niño para
el deseo de sus padres. Ubicar un régimen deseante familiar
permite recortar el lugar del discurso familiar donde un sujeto
ha de advenir para formar parte de esa trama deseante.
S.
Freud en su texto «El poeta y el fantaseo» escribe que
la actividad que más ocupa e interesa al niño es jugar.
Dice Freud: todo niño que juega se conduce como un poeta.
El
juego es un lugar, es el lugar por excelencia del niño en
la escena infantil. Tiene un valor fundante. Se vale de él
para su constitución subjetiva, lugar de tramitación,
elaboración, representación y simbolización
El
juego no es un lenguaje, es lenguaje, es un hecho de discurso, y
en tanto tal es posible de ser leído. Se lee un juego, se
lee un dibujo, se lee un decir, y se escribe con el juego.
Se
trata en la práctica analítica con niños de
hacer discurso a partir de tres vías: lo que habla, lo que
juega, lo que dibuja.
El
discurso es con lo que se produce lazo social.
¿A
qué juega un niño?
El
niño antes de usar sus manos usa sus ojos y su boca a través
de los cuales incorpora elementos del mundo.
Cuando
se suman sus manos se transforma en un «perverso polimorfo»:
arrancador, agujereador, en su origen se forma la pulsión.
Una
de las primeras actividades a pensar a modo de juego es cuando un
bebe se embadurna a él y a su alrededor, el cuerpo mismo
es un gran pegote, hace una superficie de banda continua, es una
construcción propia de su cuerpo, incluso algunos juguetes
que selecciona como especiales pierden su carácter especial
si se los lava y funcionan también como su cuerpo.
El
bebe precisa de rutinas, son formadoras de cuerpo y de hábitos,
son continuidades unificantes.
El
cuerpo es el espacio mismo. Y el espacio es una característica
esencial del deseo.
Aproximadamente
entre los 6 meses y los 18 meses el niño atraviesa por lo
que se conoce como estadio del espejo: se reconoce en el espejo
en brazos de Otro primordial, es la mirada del Otro la que le confirma
su integración.
Un
niño muy pequeño ya no llora cuando la madre se ausenta,
ha inventado un juego, repite la partida de su madre a través
del «fort-da», Freud observa que su nieta de un año
y medio arroja lejos un carrete de madera con hilo y emite un sonido
«o,,,o
o» fort y al verlo reaparecer manifiesta
alegría«
a
a
a» da, es decir:
aquí. Simboliza una desaparición, una pérdida,
da representación a una ausencia. Hace a la constitución
libidinal del cuerpo.
Por
otra parte al tirar el carretel aparece un espacio que antes no
existía, se produce un afuera, un espacio exterior al cuerpo
de la madre.
A
los dos años, aproximadamente, se descubre la ´puertaª
con su función de cierre. Por otro lado aparece una nueva
dimensión «la mentira» que hasta ese momento
por el espacio de inclusión recíproca el niño
supone que lo que él piensa lo saben todos y lo ven. Cuando
aparece la mentira ya no es más transparente.
La
experiencia del lenguaje verbal, según Freud, presenta dos
vertientes, una es la vertiente muda, la lengua fundamental y otra
es la cadena significante, vertiente asociativa, que permite los
usos lingüísticos.
Es
también alrededor de los dos años que aparece el negativismo,
es decir el uso del no, que cumple la función de separación.
Los
niños toman las palabras como cosas del mundo, se tendrán
que apropiar del lenguaje que es ofrecido por otro que lo pre-existe.
Siente placer al jugar con las palabras.
Luego
el niño seguirá creciendo acorde a como llegó
a cada momento y así resignificará sus juegos, se
irá socializando cada vez más, atravesará la
problemática edípica, y los primeros años sucumbirán
en el olvido.
¿Por
qué un niño interrumpe su juego, qué produce
ruptura del lazo social? Son interrogantes que tal vez permitan
pensar en ciertas modalidades clínicas, motivos de consulta
que son impensables fuera de la estructura familiar, dice Lacan:
«el síntoma del niño en posición de responder
a lo sintomático en la estructura familiar»
Cuando
el niño era niño
Era
el tiempo de preguntas como:
¿Por
qué yo soy yo?
¿Y
por qué no tú?
¿Por
qué estoy aquí?
¿Y
por qué no allí?
¿Cuándo
empezó el tiempo?
¿Y
dónde termina el espacio?
La
vida bajo el sol acaso ¿No es sólo un sueño?
Del
film «Las alas del deseo» de Wim Wenders
Reflexiones
de la Dra. Graciela Bernztein